
La lectura nos da conocimiento de Dios; la oración nos da comprensión espiritual. Ese es el equilibrio.

La palabra de Dios funciona como una semilla, y una semilla necesita tres cosas para dar fruto.

En el Salmo 84:10 el salmista expresa un anhelo sincero y profundo por la presencia de Dios. No se trata de una simple comparación, sino de una convicción espiritual: estar cerca de Dios, aunque sea por un momento, tiene un valor incomparable que supera cualquier cantidad de tiempo lejos de Él. Hoy vivimos rodeados…