Cita de Mateo 26:39 sobre fondo dorado: «Queremos el resultado, pero no queremos el proceso», con el versículo «No se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres»

Queremos el resultado, pero no queremos el proceso

«No se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»

Mateo 26:39

Pablo oraba por los colosenses pidiendo que fueran llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual. Dos cosas, no una: conocimiento y comprensión.

El conocimiento de Dios viene por lo que leemos. La comprensión espiritual viene por nuestro hábito de orar. Cuando leemos la Biblia recogemos conocimiento de las cosas de Dios; cuando oramos, aquello que habíamos leído se hace comprensible y lo asimilamos mucho mejor. Ahí está el equilibrio de nuestra vida espiritual.

Los discípulos vieron orar a Jesús y le pidieron: Señor, enséñanos a orar. Y lo primero que él enseñó fue lo que no hay que hacer. No ores como los hipócritas, que aman orar en las esquinas para ser vistos. No uses vanas repeticiones ni palabrería. No intentes orar bonito ni aparentar una espiritualidad que luego en la calle no tienes. Más tú, cuando ores, entra en tu aposento, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto.

Porque Dios ya sabe todo lo que hay en ti antes de que se lo pidas. Eso, en lugar de espantarnos, tiene que ser nuestro descanso. Ana entró al templo tan agobiada que hablaba en su corazón: solamente se movían sus labios y su voz no se oía. El sacerdote la tuvo por ebria, pero ella estaba derramando su alma delante del Señor. Muchas veces las oraciones más auténticas y honestas son las que no se pronuncian con palabras.

Y está Getsemaní. Jesús, con el alma muy triste hasta la muerte, dijo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.

Ahí está nuestro problema. Queremos el resultado, pero no queremos el proceso. Es como querer el cargo, pero no querer la carga. Es como ser un deportista de élite sin entrenar. El proceso te purifica, te hace crecer, te hace entender a Dios. Si Dios te diera libertad para hacerlo de otra forma, quitarías las dificultades de en medio, y con ellas todo lo que te iba a enseñar.

Velad y orad. Nadie triunfa por su propia fuerza.