¿En qué se puede parecer el interior de un reloj clásico a la iglesia?
Ruedas pequeñas, dentadas, encajadas unas con otras. Basta imaginar qué ocurriría si una pieza tirara hacia adelante y otra hacia atrás: el reloj terminaría atascado. Cada persona y cada tarea de la iglesia es una de esas ruedas, y todas tienen que estar en plena coordinación para que el proyecto de Dios funcione. Por eso hay algo que conviene evitar: que el trabajo se haga por competencia, por rivalidad, por oposición o por una mentalidad personal.
¿Y qué permite que las piezas giren sin desgastarse unas contra otras? El aceite. En un motor, los pistones bajan, se mojan en el aceite y funcionan; cuando falta y el motor se calienta, las piezas se agarrotan y todo se detiene. Ahí está la imagen: hay que bajar continuamente a mojarse en el aceite para poder funcionar con gente tan diferente y tan distinta como nosotros. Si dejamos de hacerlo, tarde o temprano aparecen las rivalidades y los enfrentamientos, y el mecanismo se para.
Ese aceite es el Espíritu de Dios. No hay otra forma de funcionar desde nuestra diversidad, ni de salir después a la calle a llevar luz. Porque la sal que no sala no sirve para nada, y la luz que no alumbra a un mundo en tinieblas, tampoco.
Pablo lo pedía así: «Que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo» (Filipenses 1:9-10). Y en Efesios recuerda que todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor. El fundamento es Cristo, y eso es innegociable; la coordinación, en cambio, depende de cada uno.
Los relojes de antes había que darles cuerda. Si no se les daba, se paraban; y cuando se paraban, se llevaban al relojero, que los abría y miraba qué pieza había dejado de girar.
Queda entonces una pregunta: qué ruedecita de ese mecanismo quiero ser yo. Todas son necesarias, y si faltara una, por pequeña que fuera, el mecanismo no funcionaría. Si necesitas que Dios te dé cuerda para volver a andar, baja al aceite.

